Extraño es el momento de la muerte. Solemos
criticar despiadadamente por ejemplo que a los muertos en la India se les
arroje a un río. Hasta algunos conservadores podrían pensar de inhumano el
hecho de quemar a nuestros seres queridos hasta reducirlos a cenizas, lo que resulta
bastante más práctico a la larga. Lo más curioso es quien se para en esa postura
mayoritariamente, promueve el rito de enterrar el cadáver 5 metros bajo tierra
en un cajón de madera. Cada uno sacará sus conclusiones o se sentirá dolido.
Hay lugar para todos. (Mejor ni meterse con el cuestionado velorio)
En definitiva, sea descabellado, criticable,
escandaloso, inhumano o no, es una cuestión de costumbres. Casi un sistema
cerrado y poco tolerante, pero con el que cargamos queramos o no. Hasta ser
rebeldes es parte de este sistema, todo queda contenido por este o no.
Sin embargo, estas costumbres, anexos culturales
de las sociedades en el caso de la muerte me resultan reveladores. Operan casi
como un intento de explicación. Cada cultura conserva sus ritos y prácticas celosamente,
ya que son su manera de entender que es lo que pasa más allá de esta vida.
Casi como los aborígenes, que nombraban por dioses
a todo lo que no entendían, nosotros lo llenamos de adornos y palabras.
… Yo brindo por la magia del no entender.